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domingo, 3 de julio de 2011

RAZONES DE ACTUALIDAD PARA UNA PARTICIPACION CIUDADANA


                                                                      Parte II

Acontecimientos recientes dando cumplida cuenta de CRISIS en las macroestructuras económico-financieras del mundo, haciendo que se tambaleen, nos invitan, una vez más, a retomar el tema de la PARTICIPACION CIUDADANA, como adecuada respuesta al problema convivencial entre humanos, que ha supuesto la generación de inestabilidades de todo tipo en las economías de los pueblos de la tierra ya que, como se ha podido observar, ante la acuciante ESCASEZ MUNDIAL DE RECURSOS, dada la pugna entre los poderosos por su acaparación, el egoismo más salvaje y aterrador, parece ser la tónica predominante en las relaciones internacionales de cuyos efectos, en cascada, estamos sufriendo las consecuencias la inmensa mayoría de una ciudadanía que, atónita, parece haber perdido toda capacidad de respuesta, hasta el momento y por desgracia.

Esta última afirmación no parece, por suerte, del todo cierta ya que , al menos, en el mundo occidental de las ideas y planteamientos por el que nos regimos, aparece como norte y estrella,  en todos los parámetros de desarrollo, la DEMOCRACIA. Un sistema  del que no deberían obviarse los fundamentos que suponen los pilares donde se asienta su propuesta  público-convivencial porque, nacida en el seno de la antigua Grecia , tras siglos de oscurantismo, grandes revoluciones y guerras, en la historia contemporánea adquiere preponderancia e implantación, como la fórmula menos mala de cuantas las socieddes han tenido en cuenta para gobernarse o administrase.

Dicho esto, hay que introducir en la exposición del tema que me ocupa, la puntual diferencia existente entre las sociedades de la antigua Grecia, donde nació el término, y las actuales puesto que, el crecimiento poblacional, la impone como necesaria para seguir adentrándonos en el desarrollo de la idea central que me lleva a escribir sobre tema tan actual.

Indudable es que, el invento de la DEMOCRACIA, en la Grecia clásica, se adaptaba perfectamente a la demografía de los núcleos poblacionales o ciudades puesto que, sus habitantes, la podían practicar directamente en espacios abiertos tales como ágoras o plazas, en un proceso al frente del cual se ponían las mentes más privilegiadas y donde todos podían aportar, a través de la opinión, ideas mediante un procedimiento deliberante que permitía llegar a la adopción de las mejores soluciones, para las distintas problemáticas planteadas a la Comunidad y en la consecución del ideal de bienestar general a disfrutar.

¡Por supuesto! hoy sería una auténtica quimera el pensar en la posibilidad de que, la práctica de la democracia directa fuera una realidad a todos los niveles de la actuación política, dada la complicación de las actuales sociedades y en un sistema al que llamamos democrático pero que dista, todavía, bastante de la esencia de dicha palabra.Y esto es así no solo por el hecho de que,  cada cuatro años, se nos reconozca a los ciudadanos el derecho a elegir determinadas propuestas de los políticos, recogidas en programas electorales, sino tambien porque, además, no se nos permite, a los ciudadanos, la contrapartida del adecuado control o posterior comprobación del cumplimiento y eficacia, en sí, de las mismas como electores; no posibilitando, absurdamente, si estuvieran equivocados,  correcciones u opiniones hasta pasado el periodo por el que fueron elegidos donde, de nuevo, tenemos los ciudadanos oportunidad de pasar factura, no repitiendo la elección anterior.

Teniendo en cuenta estas dos razones expuestas, podemos afirmar con rotundidad de que no tenemos DEMOCRACIA, con mayúsculas ya que, lo único que, hasta ahora, podemos apreciar es el desarrollo de un sistema en el que, solo en parte, es admitida la PARTICIPACION CIUDADANA para la elección de las propuestas de  políticos encuadrados en, lo que se ha dado en llamar, democracia REPRESENTATIVA  de los partidos que, evidentemente, sin la PARTICIPATIVA de la ciudadanía, dejaría de tener sentido el seguir jugando o utilizando dicha palabra para denominar los sistemas por los que se gobiernan las democracias occidentales del mundo.

Un argumento, este último, que nos abre la puerta para, volviendo los ojos a la antigua Grecia, establecer la posibilidad de que, estas democracias REPRESENTATIVAS se vayan, poco a poco, convirtiendo, al mismo tiempo, en DELIBERATIVAS y más PARTICIPATIVAS, acercándolas al ideal de la democracia griega, con toda las ventajas que suponen las opiniones ciudadanas sobre las problemáticas comunes a la sociedad, debatidas ya convenientemente en foros deliberantes y abiertos a la participación de toda la sociedad, única dueña y responsable de lo que, los antiguos, denominaron la rex-pública.

Toda una propuesta que, dados los nuevos parámetros económicos mundiales, los ciudadanos no podemos seguir eludiendo si, como más arriba decía, queremos dar batalla a las lacras del mundo que, dada la ESCASEZ DE RECURSOS, en espirales de locura acaparadora, hace triunfar el egoismo, la insolidaridad y la inestabilidad por encima de todo arrastrando, cada vez, a más capas de las sociedades nacionales al hambre y la miseria  absoluta, cuando la realidad es que hay soluciones para todo eso, no ya a nivel político sino, tambien, a escala de ciudadanía, contemplando un desarrollo científico con investigación que harían de la equidad y la justicia el nuevo baldón para  que la humanidad siga progresando.

Esta última reflexión nos introduce ya de lleno en la exposición de EN QUÉ CONSISTE LA PARTICIPACION CIUDADANA, considerada como indiscuitible y necesaria para la solución ideal de todos los desmanes que hoy imperan en el mundo y se corrijan; desterrando la injusticia como sistema que, agazapada, muchas veces, en estructuras seudodemocráticas, traen en un brete a grandes segmentos de la población mundial, incrementando la estadística de la pobreza y la miseria.
(c)Manuel Guzmán 2011

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