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lunes, 4 de julio de 2011

COMPLEMENTARIEDAD ENTRE PARTICIPACION Y EFICIENCIA

                                                                              
      
Porque nos enfrentamos, ¡cada vez más!, a problemas globales e interconectados hasta el punto de que, lo que parece resultar “sentido común” o doctrina universalmente reconocida puede, perfectamente, chocar con incomprensiones de todo tipo, cuando se trasladan al ámbito de lo social; teniendo en cuenta, tambien, que la unanimidad, al existir las alternativas, no se puede dar porque aparecen como diferencias a los planteamientos que, hasta entonces, habían venido barajándose.

El tema, pues, no viene definido ya por la capacidad de “vender” soluciones sino, más bien, por la de compartir definiciones de problemas para que aumente la legitimidad del camino que lleva, desde esta primigenia definición compartida, a una sitruación considerada ya por todos, como mejor que la anterior.

Dificilmente se podrá avanzar si no se abre el debate y se discuten y comparten costes y beneficios, alternativas y soluciones con el conjunto de la sociedad en el mejor de los intentos para que, cada vez más, la gente sea capaz de aceptar y compartir decisiones que, incluso, puedan afectar negatívamente alguno de sus intereses al considerar ya, sin discusión y como legítima, la vía por la que se ha llegado a tomar esa decisión.

Desde este punto de vista, EFICIENCIA Y PARTICIPACION no son contradictorias sino absolútamete complementarias, perdiendo peso cuantas objeciones establecimos al hablar de resistencias o prevenciones ante las posibilidades de una participación popular directa, si queda bien entendido que es, precísamente, una falta de participación la que acaba deteriorando el sistema con todos estos efectos señalados, al aparecer con más fuerza el concepto de que resulta imprescindible  la ampliación del consenso social de muchas decisiones, en evitación de que aumente la erosión de bastantes de las Instituciones representativas y la desconfianza que generan estas circunstancias en la ciudadanía, tan frecuente de apreciar, por lo general, últimamente.

Así, cuando hablamos de PARTICIPACION lo estamos haciendo con referencia no ya a aquellos grupos más organizados o intereses afectados sino, más bien, al conjunto de la población afectada, directa o indirectamente, por una decisión que se traduce a mecanismos para la consecución de una ámplia implicación social, apareciendo en nuestro panorama participativo, junto a otra cualquier otra fórmula, LOS CONSEJOS CIUDADANOS, pretendiendo compartir la complejidad de las decisiones públicas entre el máximo de ciudadanos posible, utilizando  diferentes fórmulas y reglas, tales como nuevas tecnologías de la información y comunicación, con la vista puesta en construir el viejo ideal de la democracia directa.

Aparece, pues, como realidad papable, el hecho de que caminamos hacia una nueva era donde el abordar la REGENERACION DEMOCRATICA DE LA ADMINISTRACION se impone como necesaria y a pesar de lo sorprendente que pudiera parecer este concepto puesto que, a la Administración, tradicionalmente, se la viene considerando como el ámbito de la racionalidad o de la especialización; tareas, todas, referidas a una ejecución puntual que, casi nunca, ha sido considerada como, más o menos democrática, en la determinación de las mismas. 

Queda establecida, pues, una diferencia esencial entre ADMINISTRACION y DEMOCRACIA, consistiendo en que, esta última, no se fija en cómo hacer las cosas sino, principalmente, en qué es lo que hay que hacer. Expresión de una finalidad pública a partir de la articulación de unas preferencias, manifestadas por los miembros que forman la Colectividad, que nos llevan a plantearnos la cuestión fundamental de: 

 

¿POR QUÉ DEMOCRATIZAR LA ADMINISTRACION? 

Partiendo del hecho de que, en la Administración, solo hay cabida para profesionales y no para políticos ni para ciudadanos, y teniendo en cuenta de que la Democracia Representativa clásica se interpreta como un proceso que empieza y acaba en unos ciudadanos capaces tanto de escoger racionalmente entre candidaturas políticas, con ofertas en competencia, como de vigilar sus actuaciones y valorar si merecen o no la renovación de su confianza, cerrando un círculo en el que la Administración no aparece para nada, sifgnifica que, ésta, debe estar aislada del debate político, marginándola para que no interfiera en el juego político que se produce entre gobernantes y gobernados. 

Un utópico sistema que hace aguas por todas partes ya que, si la Democracia Representativa no logra ya articular correctamente el juego entre políticos y ciudadanos ¿qué sentido tiene seguir marginando de la Democracia a la Administración? 

La expansión de funciones de las Administraciones Públicas del Estado en sus tres vertientes: Central, Autonómica o Municipal, hace depender su legitimidad de la del propio sistema político y un, principio de separación entre política y Administración, implica que sea la esfera política, exclusivamente, la que defina y acote la legitimidad con la que la Administración puede actuar haciendo que, unas necesidades perentorias de legitimación del sistema político, hagan que, su estabilidad, pase a depender, en buena parte, de la propia legitimidad de la Administración, en un juego que, forzosamente, ha de pasar por la legitimación del sistema político a través de un buen funcionamiento y rendimiento, reforzado por una buena capacidad para desempeñar nuevas funciones. 

De ahí que tengamos necesidad de poner de manifiestro la ineludible responsabilidad de democratizarla por tres fundamentales razones: 

a) Porque es evidente que mejora la propia democracia 

b) Porque aumente la eficiencia y eficacia administrativa 

c) Porque optimiza el rendimiento institucional a través de la potenciación 
del capital social; una cuestión que hemos de tener, siempre, en cuen- 
ta, a la hora de seguir hablando de la participación ciudadana. 

Para entender lo anteriormente expuesto, nada mejor que acudir al símil introducido, en las exposiciones del tema que nos ocupa, por el profesor Miller, porque lograremos, perfectamete, asimilar sus dificultades de presente y valorar, al mismo tiempo, las posibilidades de futuro. 

“La clase magistral”, el “parloteo” o el “diálogo” 

1- Clase “magistral” entendemos que existe cuando lo que se ofrece es un único discurso,dominado y manipulado por una élite y donde, en el mejor de los casos, los instrumentos de participación ciudadana se diseñan a partir de la apatía, la poca accesibilidad o la incapacidad de incorporar opiniones externas. 

En la Universidad ocurre que el profesor o catedrático, declarándose, muchas veces, abierto a la participación, sin descender ni un solo momento de su tarima o cátedra, desplegando una sofisticada oratoria, intimidatopria a veces, corta esta posible participación de raiz, repartiendo al final del curso un formulario que, tras maldecir la apatía de los alumnos, pretende conocer una opinión que, en el mejor de los casos, le ofrece muy poco respeto. 

2- El “parloteo”, por el contrario, define una situación opuesta a la anterior donde ya todo el mundo habla, las expresiones se multiplican anárquicamente y nadie es capaz de canalizarlaspara obtener un resultado concreto. No existe, pues, diálogo ni conclusión siendo, éste, quizás, el resultado de la participación a través de las redes informáticas. 

3- El “diálogo”, en cambio, implica una conversación estructurada, a partir de espacios de conflicto específicos y de partricipación de actores interesados e informados, que participan en un conjunto de limitados asuntos, clarificando posiciones de cada uno de ellos, a través de escuchar y rebatir, comprometiéndose a alcanzar conclusiones operativas. 

De estos tres ejemplos o símiles, se deduce que la participación democrática, debe articularse a través de mecanismos que intenten combinar información-deliberación, así como una capacidad de intervención de los ciudadanos en los procesos de decisión siendo, éste, el momento en el que, el papel de la Administración, juega un protagonismo crucial ya que, para una red limitada de actores, los conflictos se hacen, a la vez, comprensibles y resolubles. 

La participación-diálogo, puede materializarse perfectamente en el espacio administrativo y, de este modo, la democratización de la Administración, contribuye a la mejora de la Democracia de dos principales formas: 

A) - La participación democrática ha de desplazarse de la política a las políticas, realizándose éstas, desde la óptica de concreciones que entiendan los ciudadanos y sobre las que puedan tener conocimientos, opiniones y prioridades consiguiéndose, de esta forma que, cuando la opción política se transforma en políticas concretas, aparece la oportunidad para que exista una efectiva participación ciudadana, haciendo buena la aseveración de que, la Administración, mejora la democracia porque ha propiciado, de esta manera, completar la participación en política con con esa otra, ya aludida, participación en las políticas, con un objetivo muy concreto : el de evitar cualquier mecanismo de participación que no se dirija, explícitamente, a todos los ciudadanos. 

   - Que el diálogo sólo pueda producirse entre un número de personas limitado que dispongan, además, de un interés y una información para hacerlo. 

Esta premisa anterior, constituye lo que ha dado en denominarse RED, haciendo referencia ya a un número de actores que, para cada política concreta, están dispuestos o interesados a participar; cosa que facilita la Administración puesto que permite completar y superar algunos de los límites de la participación universal, con fórmulas más concretas y focalizadas de participación en la RED.


Toda una serie de ventajas que se traducen en que democratizar la Administración:

a) mejora la eficiencia y la eficacia al pasar  de una jerárquica      organización a otra interactiva.

b) favorece la interacción y cooperación entre distintos grupos e individuos en el ámbito de las políticas públicas, propiciando el aprendizaje colectivo puesto que, el intercambio de argumentos y experiencias, puede llegar a hacer compatibles sistemas de creencias que, de otra forma, mantendrían distanciados a grupos de actores. 
(c)Manuel Guzmán 2011

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