NORMALIZACION POLITICA
Dos palabras que, en España, sirven para ofrecer una consideración sobre la situación política y, las claves que la definen que pueden, indiscutiblemente, asentarse sobre los pilares en que se basa toda política acción que se precie de tal : EL PARLAMENTO y LOS PARTIDOS POLÍTICOS.
A la vista de lo ocurrido en el PARLAMENTO que es la Cámara de Representantes de la voluntad popular expresada, en esta ocasión, deficientemente, el dos de Septiembre del dos mil once porque se ofreció a la consideración de los Srs. diputados para ser votada, ¡nada menos! que, la primera reforma de la Constitución española en sus treinta y tres años de andadura, hurtando al pueblo soberano el derecho a expresar, en referéndum, su consentimiento sobre tan trascendental cuestión que le afecta seriamente y de de tan singular manera, al tratarse de poner límite al déficit del Estado imponiendo un techo al gasto público para abrir la puerta a toda clase de recortes en los presupuestos y, por consiguiente, en los servicios esenciales a la ciudadanía, no nos queda, a los ciudadanos ahora, más que gritar alto y claro:
“que lo de la normalización política, en nuestro país es una quimera, una entelequia difícil de asumir porque, la actuación de estos parlamentarios, ha demostrado ser la propia de un Sindicato de sus propios intereses adquiridos para conservar el puesto”
Esto es así y de tal manera que parece incomprensible y poco serio para un país como el nuestro en el que, su clase política mayoritaria, representada por dos Partidos como el PP y el PSOE, irreconciliables en planteamientos políticos diametralmente opuestos, se ponen de acuerdo facilmente con nocturnidad , alevosía y urgencia para llevar a cabo semejante reforma constitucional sin que medie, entre tanto, explicación exhaustiva y fundamentada de su por qué a la opinión pública, en general, y ¡mucho menos!, a las señorías que componen las mayorías en los escaños del Congreso y las minorías que conforman todo el arco parlamentario.
Una actuación política, sin precedentes en nuestra joven y poco madura democracia, que ha puesto de manifiesto y en cuestión a los PARTIDOS POLITICOS MAYORITARIOS, no en el sentido de que se pueda prescindir de ellos pero sí, en el de que su sustentivación organizatoria así como su excesivo burocratismo y cerrazón sobre sí mismos, no les ha permitido en toda su andadura de actuantes en política, hasta el momento, ser órganos de comunicación y mediación adecuada para los problemas de los españoles convertidos, sospechosamente y en cambio, en auténticas máquinas forjadoras de poderío y en pugna constante, sometidas a sus propias leyes estructurales de tendencia, casi siempre, antidemocrática y ligados a oligarquías que hacen imposible -como garantía del espíritu democrático- el origen popular de Jefes y funcionarios del Partido porque las funciones, por ellos desempeñadas, transforman posicionalmente, una circunstancia que viene dada porque, también, la llamada DISCIPLINA es una exigencia a todos, quieran o no.
Abusando de esta especial connotación, antes descrita -imponiendo la obediencia y la sumisión y no la razón y la libertad- se entiende que, semejante reforma de una Constitución, “Ley de Leyes” que es de todos los españoles y que ¡jamás! ni una sola coma de sus sagrado contenido debería ser tocada sin el consentimiento expreso y claro de todos, va a ser alegre e irresponsablemente modificada y a merced de la arbitrariedad impuesta por la tremenda “apisonadora” que ha supuesto una anómala y absurda unión de dos partidos que van a poder, ahora, trastocar a su antojo y por dictados tan extraños como “EXIGENCIAS DE LOS MERCADOS Y DEL SISTEMA,” todas las normas que regulan los restos del tan cacareado Estado del Bienestar en nuestra España cuando está bien claro que, para más de diez millones de españoles, ha desaparecido ¡ya hace tiempo! propiciado, principalmente, desde los gobiernos del PP con el celebérrimo “milagro económico Aznar,” lanzándonos a un consumismo salvaje y suicida que generó unas tremendas plusvalías que pasaron, desgraciadamente, a manos de los cuatro o cinco capitalistas que hoy engrosan las listas del ranking mundial de la riqueza en destacados lugares, sin que supusiera desarrollo y pleno empleo estable para la inmensa mayoría de los españoles, que nos debatimos ahora en planteamientos de cómo vamos a poder subsistir, después de tantas rapiñas económicas y derroches.
Por suerte o por desgracia, nos aproximamos a épocas, denominadas “calientes”, porque nos acercamos a unas elecciones generales, que nos ponen a los españoles ante la disyuntiva de tener que elegir, una vez más, a los dirigentes políticos que guíen los destinos de este desdichado país que parece no encontrar, todavía, su destino como pueblo al no haber conseguido que sea promovida una democracia política, compatible con un poder ejecutivo eficaz, que hable claramente de que está organizada socialmente.
Una aspiración que solo se logrará mediante el fomento, a la vez, teórico-práctico, de una educación política mediante la socialización, sin estatificación centralizadora, de la enseñanza y de los medios de comunicación de masas, la TV, la radio, etc. que han de ser convertidas, no política sino administrativamente, en servicio público para que puedan tener acceso, justamente, todos los grupos en vez de seguir, como está ocurriendo, monopolizado capitalística y privilegiadamente, por algunos de ellos solamente.


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